27 febrero 2019

El uso responsable de las redes sociales

Las redes sociales han supuesto un medio para estar informados en tiempo real de acontecimientos importantes. Son también un nexo de unión entre familiares y amigos. Pero a veces estas redes son solo una forma de agregar a individuos unidos por enlaces débiles y otras, los grupos identitarios que se forman son excluyentes de los “otros”. No son ni buenas ni malas. Son un instrumento al servicio de las personas y de ellas depende el que sean utilizadas para hacer el bien o todo lo contrario.
 
“Quisiéramos detenernos a considerar el desarrollo de las redes sociales digitales, que están contribuyendo a que surja una nueva «ágora», una plaza pública, abierta en la que las personas comparten ideas, informaciones, opiniones, y donde, además, nacen nuevas relaciones y formas de comunidad”.
Benedicto XVI en la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2013.

El año pasado nuestro arzobispo escribió una carta pastoral que tituló: Las redes sociales al servicio del bien.

¿Qué nos toca como cristianos hacer en las redes sociales?

 En primer lugar deben ser una herramienta al servicio de la verdad. A veces, quizá incluso sin ser conscientes de ello, nos hacemos eco de noticias que no son ciertas o que ocurrieron hace mucho tiempo pero con la rapidez que nos llegan y divulgamos no dejan lugar a la reflexión y a la comprobación de si son verdad o, al menos hacer una valoración crítica acerca de si lo que se nos cuenta es creíble.

Aquí podríamos poner una larga de lista de ellas:

- Frases del papa Francisco. La mayoría no son ciertas e incluso algunas van en contra de lo que diría este o cualquier papa. De acuerdo que algunas son bonitas y suenan bien, pero hacer de ellas autor al papa es banalizar su figura y a la Iglesia. Lo mejor que se puede hacer es no divulgarlas. Todo lo que dice el papa está en la web del Vaticano, así que para conocer sus escritos y sus alocuciones solo tenemos que visitarla.

- Castigos o gracias celestiales. Con frecuencia llegan a través de WhatsApp premios celestiales, milagros que recibiremos o castigos tremendos, si no rezamos lo que se nos propone si no divulgamos el mensaje que nos llega. Hagan una prueba, rompan la cadena y verán que no ocurre nada.

- Ataques, profanaciones de iglesias en España o martirio inmediato de cristianos en Iraq o en otros lugares. Lamentablemente estas noticias son ciertas, pero han ocurrido hace varios años y reproducirlas de vez en cuando como que están ocurriendo en la actualidad a lo único que puede conducirnos es a la animadversión, si no al odio del grupo al que los autores que realizaros estos actos pertenecen.

- Noticias o caricaturas contra determinadas personas de la vida pública o colectivos sociales: políticos, inmigrantes, musulmanes… En estos momentos no podemos olvidar que somos cristianos, en las redes sociales también, y nuestro comportamiento nunca debe ser el de propagar el odio, la animadversión y contribuir a la confrontación con personas o colectivos porque no piensan como nosotros o no son como nosotros. Antes de divulgar cualquier noticia, chiste, comentario, deberíamos plantearnos si lo que vamos a hacer construye una sociedad más fraternal, si hace comunión. Si la respuesta es no o hay duda, mejor no divulgarlo.

 Vivimos en una sociedad que está muy tensionada y es necesario poner paz y calma. Los cristianos estamos llamados a tender puentes. Por ello es necesario tener en cuenta lo que decía el papa Francisco en el mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales del año 2014:

“Los muros que nos dividen solamente se pueden superar si estamos dispuestos a escuchar y a aprender los unos de los otros. Necesitamos resolver las diferencias mediante formas de diálogo que nos permitan crecer en comprensión y respeto”.

Por último, para concluir, citamos la carta del Sr. Arzobispo que nombrábamos al principio:

El uso de las redes sociales debe servir para mostrarnos como somos, no con identidades falsas, callando ante lo inmoral o injusto, o defendiendo posturas y actitudes que no defenderíamos sin la careta del anonimato. Tampoco es bueno, incluso desde la perspectiva de la higiene menta l y de la salud, estar todo el día, o al menos el tiempo libre, pegados a las redes, o relacionándonos solo con grupos ideológicamente afines, algo que termina aislándonos de la comunidad y empobreciéndonos.